¿Tienes el síndrome pata pollo en tus reuniones o en tu relación con tus compañer@s ?
Es probable que sí...
En este vídeo te cuento en qué consiste.
OPTIMIZACIÓN DE REUNIONES Las reuniones eficaces son la asignatura pendiente de este país. Optimizarlas es nuestro reto.
¿Tienes el síndrome pata pollo en tus reuniones o en tu relación con tus compañer@s ?
Es probable que sí...
En este vídeo te cuento en qué consiste.
A grito "pelao" en reuniones
Ya sabéis lo que opino del mal uso de las citas en reuniones , especialmente como recurso para iniciarlas, pero eso no significa que no las “consuma”…
Pues bien, acabo de darme cuenta de que hay una, atribuida a Émile Zola, malinterpretada en el contexto de las reuniones y me he levantado con frenesí aclaratorio.
La frase es la siguiente:
“Si me preguntas para qué vine al mundo, te responderé que para vivir en voz alta”
La frase en sí es impresionante, pero aviso a navegantes: Zola no se refería al volumen de tus intervenciones en reuniones.
Muchos han entendido entre cero y nada, el mensaje de esa frase.
Que griten más, no les da la razón, no ofrece una imagen de persona segura (sesgo de superioridad ilusoria), ni les va a ayudar a convencer a nadie, sino todo lo contrario.
Deberían aplicarse otra cita: “No alces tu voz, mejora tus argumentos” atribuida a Desmond Tutu
Elevar la voz:
Hay que muscular el autocontrol del volumen en las reuniones.
El problema no es que uno, aisladamente berree, el tema es que muchos no nos damos cuenta y mimetizamos con el volumen de “apasionad@”, elevando el nuestro y contribuyendo a la cacofonía en que hemos convertido ese intercambio de puntos de vista.
Zola defendió la conciencia de clase, pues bien, no perdamos la conciencia de nuestro volumen, para no perder también “la clase”.
Foto de Robin Higgins via Pixabay
Apaguen sus cámaras...
En
una reunión es fácil desconectar algunos instantes y si ésta es online, las deserciones
mentales son aún más habituales.
·
un correo “que parece urgente”
·
una llamada de tu jefe o de un cliente importante
·
o incluso un asalto a mano armada de tu atención, por parte de un@
compañer@ que se acerca a tu mesa sonriente, con eso de “es sólo un minuto”.
Foto (editada) de Armin Schreijäg via Pixabay
En tus reuniones, no te olvides de valorar.
¿Eres más de felicitar o de valorar? Son cosas muy
diferentes. ¿A qué dedicas más tiempo en tus reuniones? En serio. Piénsalo.
¿Dudas? Igual no lo tenemos muy claro
·
Felicitar, es expresar a una persona la alegría
y satisfacción que se siente por una cosa agradable o feliz que le ha ocurrido.
·
Valorar es reconocer el mérito o las cualidades
de alguien.
De la misma manera que solemos felicitar a nuestros hijos por
sus buenas notas (no siempre aludiendo de manera expresa al esfuerzo que le han
dedicado), en el ámbito de las reuniones tendemos a felicitar por la
consecución de los objetivos y no dudamos en “elogiar” a quienes han obtenido
unos buenos resultados. Eso está bien, pero no hay que olvidar la necesidad de
valorar a quienes se esfuerzan a tope, pero debido a temas que no dependen
siempre de ellos, sus resultados no son los esperados.
Hacer que el esfuerzo deje de ser invisible creo que es muy
saludable para nuestras reuniones y para cuando salimos de ellas…
Cuando indago sobre cómo funcionan las reuniones en una
organización (reconozco que en este tema soy muy cotilla), a menudo quienes
participan en ellas me comentan como causa de insatisfacción, el tratamiento
injusto recibido.
En cambio, estoy segura de que pocas personas que facilitan
reuniones tienen consciencia de haber hecho o dicho algo que pueda provocar esa
impresión.
Voy a compartir las más recurrentes y os invito a que
reflexionéis honestamente si se han podido dar en alguna de vuestras reuniones:
1. “Siempre soy el último en presentar y nunca queda tiempo o lo tengo que hacer a toda prisa”
2. “Siempre hablan los mismos y a veces no tengo la oportunidad de plantear mi punto de vista”
3. “Algunos pueden abandonar la reunión y yo tengo que aguantarla entera”
4. “A algunos les contestan las preguntas y a mí me dicen que las preguntas al final”
5. “La impuntualidad de otras personas me hace perder el tiempo a mí que siempre soy puntual”
6. “Me criticaron en público pero nunca dicen lo que hago bien”
7. “A mi siempre me dicen que no… y lo mismo preguntado por otra persona, siempre recibe un sí”
8. “No sé por qué pregunta si siempre hace lo que quiere”
Pues bien, si has reconocido alguna de estas situaciones,
probablemente podrás evitarlas en un futuro ( si eres quien facilita la
reunión)
Si no te has visto reflejado en ninguna hay dos
posibilidades: o bien eres un genio de las reuniones o bien cambia de espejo.
Mi post de
este mes debía llamarse Reuniones bulímicas, Reuniones anoréxicas. He decidido no
publicarlo.
La noción de
qué es “políticamente correcto” me parece un tema de difícil consenso. Cada uno
pondría en el cesto frases, actitudes o acciones diferentes. Yo reconozco tener
una percepción subjetiva y además fluctuante de este concepto.
Sin embargo,
no querría situar en este contexto lo que quiero compartir aquí. No se trata de
calificar de correcto o incorrecto su uso, sino de pensar sobre ello.
¡Cuántas
veces hemos oído o dicho algunas de las frases siguientes! Yo confieso que muchísimas…
·
No
seas autista (a alquien introvertido)
·
¡Me
había olvidado del todo! Tengo un Alzheimer bestial
·
Parece
que tenga Parkinson, jajaja
·
Es
un cáncer para las organizaciones
·
Me
pone esquizo
·
Disculpad
si parezco un poco bipolar (sonrisa)
·
Si
me pasa esto, me suicido.
·
Tampoco
hay que ser un obsesivo compulsivo
·
Y
tantas otras
Muchas de
ellas acompañadas de risas…
No me había
planteado las consecuencias que podrían acarrear.
¿A qué viene hablar de esto?
Este fin de semana estaba buscando testimonios en Twitter de
una de las enfermedades antes mencionada porque se la han diagnosticado a alguien
a quien quiero. Me sorprendió constatar que más del 80% de los tweets con el hashtag
que usé de buscador, me remitían a bromas sobre el tema. La mayoría no tenían una
vocación de burla, pero me produjeron una cierta tristeza. Si alguien se ha pintado
mal las uñas ¿ha de poner como hashtag #Parkinson? O si se ha olvidado las
llaves ¿está obligado a poner #Alzheimer? Aunque cuantitativamente pueda dar más
visibilidad al tweet, quien busca esa palabra probablemente no tiene interés ni
por tus uñas ni por tus llaves. Uy ¡qué a gustito me he quedao!
Pero dejemos las RRSS y centrémonos en “mi” tema: las
reuniones. No en pocas ocasiones utilizamos esas referencias (me incluyo) y no
somos conscientes de las situaciones personales que viven quienes participan en
ellas y hasta qué punto pueden resultar dolorosas esa ingenua y generalizada banalización
de esas enfermedades.
Sustituirlas
por otras (al principio cuesta, igual que deshacerse de muchos hábitos) pero
merece la pena intentarlo. Espero ir abandonando poco a poco esta mala costumbre.
En
comunicación lo importante no es la intención sino el resultado.
La intención era motivar la participación...
Todos nos esforzamos en que nuestras reuniones sean
participativas, pero a veces cometemos errores en este “intento”.
Una situación típica es cuando por ejemplo recabamos
opiniones sobre las ventajas de un determinado producto, sistema, procedimiento,
etc.
No queremos limitarnos a enumerarlas nosotros. Nos gustaría
que la gente participara y se implicara, así que decidimos preguntar. Hasta
aquí todo bien.
Como tenemos miedo al silencio (ese ruido de grillos tan
incómodo cuando se lanza una pregunta en general y nadie contesta), lo que
solemos hacer es dirigirla a una persona en concreto. Una vez esa persona ha
contestado, se la lanzamos a otra. Y así sucesivamente…
De lo que no siempre somos conscientes es de que cada vez resulta más complicado contestar, ya que las respuestas más fáciles probablemente son
las que han aportado los primeros.
¿Nos planteamos alguna vez en qué orden nombramos a quienes
invitamos a contestar? No debería ser aleatorio.
Para algunos puede ser muy desmotivador no poder añadir nada
más a lo dicho...para otros no. Así que es aconsejable que guardemos "para después" a esas personas con mayor seguridad en sí mismas o incluso que tras un par de
respuestas dejemos la pregunta abierta al grupo y que participe quien pueda
aportar.
Aquí tenéis un recordatorio de otro tipo de preguntas bien
intencionadas, que pueden girarse en tu contra
Parecen pequeños detalles, pero tienen más importancia de la
que pensamos…Y no olvidemos que quien lleva la reunión tiene responsabilidad en el ambiente de la reunión y en cómo se sienten las personas que asisten a ella.
No basta con nombrar un timekeeper.
¿Es efectiva la figura del timekeeper en una reunión?
Si, pero recuerda que tan importante es el qué (la figura) como la manera de implementarlo (el cómo).
Te lo cuento en este video.
Se está acabando diciembre de este extraño 2020. No voy a
frivolizar mi balance ya que hay personas a quienes ha afectado de manera muy
cruda, únicamente voy a compartir cómo lo he vivido yo.
Por una intervención quirúrgica grave de mi compañero de
vida, secuestré mis disponibilidades desde enero al 16 de marzo.
Si, hasta el 16 de marzo.
A partir de esa fecha tenía la agenda a punto de explotar. Pero
explotó otra cosa y se llevó al traste todos mis proyectos.
Reconozco que no reaccioné de manera heroica. Me quedé
paralizada y hubiera firmado por invernar hasta que todo pasara… Pero fueron
mis clientes quienes a hostias, me hicieron salir rápidamente del letargo. ¡Y no
veas cómo se lo agradezco!
Estoy encantada de reconocer que tenía una visión estrecha y
errónea de las posibilidades de reunirse o impartir formación de manera online
(sincrónica), Creía que no tendrían nunca la efectividad que ofrecía “lo
presencial”. He cambiado de opinión ¡y
cómo!.
Era de las que repetía, igual que muchos, eso de que:
Innegablemente somos más expresivos en
persona (bueno, no todo el mundo…) pero pensemos que las presenciales con
mascarilla nos dan aún menos información y feedback.
Me ha sorprendido comprobar cómo es posible
detectar el estado de ánimo, el acuerdo/desacuerdo no expresado, la falta de
comprensión, el entusiasmo y muchos aspectos no verbalizados, de las personas
con quienes he compartido espacio virtual.
Al contrario, después de acostumbrarnos a
levantar la mano en las reuniones virtuales, esta sana costumbre podría exportarse
a las presenciales. Ahí lo dejo.
La culpa SOLO es nuestra. Existen muchos
recursos que desaprovechamos para conseguir la concentración de los participantes
Por cierto, aprovecho para recordar la
importancia de replantearnos a quién convocar…
Estoy tan agradecida de haber recibido
tanta calidez en reuniones en estos días y tanta participación, risas, vitalidad
y fuerza en cursos impartidos, que suerte que ya no tengo edad, si no, si tuviera
un hijo lo llamaría Zoom.
La gran ventaja es que en las presenciales abundaba
la ignorancia inconsciente. Creíamos que haber hecho muchas reuniones nos
convertía en buenos facilitadores. Craso error. Ahora, ante el desconocimiento
de las herramientas, nos hemos planteado “aprender” y eso acaba yendo más
allá de la simple utilización de las plataformas de turno.
Es cierto en algunos casos. No dejemos que se
pierdan las buenas prácticas en reuniones virtuales.
Sin embargo, también es cierto que hábitos
como las reglas de juego, la P de parking consensuada y el cuadro de
compromisos, ahora se están implementando más.
Sólo en algún caso. En general, personalmente he podido “traducir”
y trasladar esas dinámicas a mis cursos en línea y además incorporar de nuevas.
Y no olvidemos que ahora las reuniones son mas cortas, hemos mejorado la puntualidad y hay menos formalidades innecesarias.
No encuentro a faltar las reuniones presenciales, aunque reconozco que sí, el
contacto personal de la formación presencial y los viajes que conllevaba.
Esperemos que cuando volvamos a “lo conocido” todos estos
aprendizajes nos ayuden a ser más efectivos y también mejores personas. El
tiempo lo dirá. No los gurús tertulianos.
Cornud@s y apalead@s en reuniones
Hoy me ha venido a la cabeza el chiste de Eugenio, del marido que llega a casa y se encuentra a su mujer en la cama con otro…
- ¿De dónde vienes a estas horas? – le pregunta ella. (Ponedle tono acusador y ceño fruncido)
- Pero… ¿qué hace este hombre en mi cama? (Ponedle cara de alucinado y voz temblorosa)
- ¡No me cambies de conversación…! ¿DE DÓNDE VIENES A ESTAS HORAS? (Subid algunos decibelios)
Olvidémonos del chiste de Eugenio... Pero seguro que alguna
vez hemos tenido esta “sensación” en la vida y también en reuniones.
Íbamos a plantear nuestro descontento o queja perfectamente lícita y bien argumentada. Pero ¡oh sorpresa! Se anticipan y nos salen por peteneras, generalmente con detalles, comentarios o acusaciones irrelevantes o incluso absurdas. Conclusión: “cornud@ y apalead@” como en el chiste.
Dejando de lado evidentemente la situación del marido "inoportuno" que solo me ha inspirado el post... podemos analizar varios puntos de este tipo de situaciones y en especial en reuniones, donde nos embarga esa sensación de injusticia.:
1. Antes de plantear “en público” una crítica o queja, pensemos si realmente debe ser tratada ante todos los participantes de esa reunión. Muchas veces una conversación privada da mejores resultados.
2. Si alguien intuye que va a ser atacado en público es posible que prepare una estrategia de defensa mediante ataque previio.
Es de primero de "sitiroyoprimerosequedasinpiedra"
3. La primera “acusación” centrará la conversación dejando en segundo plano lo que se plantee posteriormente. Corremos el peligro de centrarnos en nuestra defensa y olvidar el objetivo (o que éste se difumine).
4. Podemos perder los papeles y de paso ante otros participantes, perder la razón… (aunque objetivamente la tuviéramos)
5. Si decidimos honestamente que es imprescindible que todos los participantes escuchen nuestra reivindicación, planteemos que en el orden del día aparezca ese punto. Si hay desvíos, podremos reconducir de manera más elegante.
Y si eres el facilitador, recuerda que un buen orden del día en cualquier reunión, te ayudará a que no "te la peguen" .