¿Tienes el síndrome pata pollo en tus reuniones o en tu relación con tus compañer@s ?
Es probable que sí...
En este vídeo te cuento en qué consiste.
OPTIMIZACIÓN DE REUNIONES Las reuniones eficaces son la asignatura pendiente de este país. Optimizarlas es nuestro reto.
¿Tienes el síndrome pata pollo en tus reuniones o en tu relación con tus compañer@s ?
Es probable que sí...
En este vídeo te cuento en qué consiste.
Las reuniones no son sagradas, aunque hay quienes las han convertido en algo religioso:
Soy una serie adicta y hoy pensando en The Office, una parodia esperpéntica sobre el liderazgo en la empresa, donde vemos caricaturas de reuniones que aunque llevadas al extremo, nos recuerdan entre carcajadas, situaciones vividas…se me ocurre que muchas reuniones nos evocan títulos de serie:
Empiezo:
En esas organizaciones donde abunda La reunión de papel,
donde se imprimen convocatorias para el mayor robo de agendas de la historia, pido
la dimisión del Ministerio del tiempo, porque realmente, Aquí no hay quien viva
Better call… solo a
quien debe estar en la reunión y deja al resto respirar.
Si analizamos la Anatomía de una reunión vemos que algunas
deberíamos llevarlas a Urgencias. Muchos se sienten Hijos de la Anarquía, al
borde del Colapso y con sensación de estar totalmente Lost.
Cuando reciben determinadas "convos" tienen ganas de
esconderse A 2m Bajo tierra.
Hay que mejorar la química sin llegar a Breaking bad,
utilizar técnicas y tácticas sin parecer Juegos de Tronos y usar reglas de
juego para evitar Strangers things y así seguro que habrá Días mejores.
Una buena reunión no tiene por qué ser la Dimensión
desconocida, ni hacer que te sientas el Prisionero. La efectividad no es tan
difícil, basta saber que hay mas de 13 Razones por las que una reunión se va al
traste… Creedme.
Y para acabar, hay que aprovechar las oportunidades y tener
en cuenta las peculiaridades de los que se conectan desde House.
¿Con cuál estáis ahora? ¿Me recomendáis alguna?
A grito "pelao" en reuniones
Ya sabéis lo que opino del mal uso de las citas en reuniones , especialmente como recurso para iniciarlas, pero eso no significa que no las “consuma”…
Pues bien, acabo de darme cuenta de que hay una, atribuida a Émile Zola, malinterpretada en el contexto de las reuniones y me he levantado con frenesí aclaratorio.
La frase es la siguiente:
“Si me preguntas para qué vine al mundo, te responderé que para vivir en voz alta”
La frase en sí es impresionante, pero aviso a navegantes: Zola no se refería al volumen de tus intervenciones en reuniones.
Muchos han entendido entre cero y nada, el mensaje de esa frase.
Que griten más, no les da la razón, no ofrece una imagen de persona segura (sesgo de superioridad ilusoria), ni les va a ayudar a convencer a nadie, sino todo lo contrario.
Deberían aplicarse otra cita: “No alces tu voz, mejora tus argumentos” atribuida a Desmond Tutu
Elevar la voz:
Hay que muscular el autocontrol del volumen en las reuniones.
El problema no es que uno, aisladamente berree, el tema es que muchos no nos damos cuenta y mimetizamos con el volumen de “apasionad@”, elevando el nuestro y contribuyendo a la cacofonía en que hemos convertido ese intercambio de puntos de vista.
Zola defendió la conciencia de clase, pues bien, no perdamos la conciencia de nuestro volumen, para no perder también “la clase”.
Foto de Robin Higgins via Pixabay
Apaguen sus cámaras...
En
una reunión es fácil desconectar algunos instantes y si ésta es online, las deserciones
mentales son aún más habituales.
·
un correo “que parece urgente”
·
una llamada de tu jefe o de un cliente importante
·
o incluso un asalto a mano armada de tu atención, por parte de un@
compañer@ que se acerca a tu mesa sonriente, con eso de “es sólo un minuto”.
Foto (editada) de Armin Schreijäg via Pixabay
En tus reuniones, no te olvides de valorar.
¿Eres más de felicitar o de valorar? Son cosas muy
diferentes. ¿A qué dedicas más tiempo en tus reuniones? En serio. Piénsalo.
¿Dudas? Igual no lo tenemos muy claro
·
Felicitar, es expresar a una persona la alegría
y satisfacción que se siente por una cosa agradable o feliz que le ha ocurrido.
·
Valorar es reconocer el mérito o las cualidades
de alguien.
De la misma manera que solemos felicitar a nuestros hijos por
sus buenas notas (no siempre aludiendo de manera expresa al esfuerzo que le han
dedicado), en el ámbito de las reuniones tendemos a felicitar por la
consecución de los objetivos y no dudamos en “elogiar” a quienes han obtenido
unos buenos resultados. Eso está bien, pero no hay que olvidar la necesidad de
valorar a quienes se esfuerzan a tope, pero debido a temas que no dependen
siempre de ellos, sus resultados no son los esperados.
Hacer que el esfuerzo deje de ser invisible creo que es muy
saludable para nuestras reuniones y para cuando salimos de ellas…
Cuando indago sobre cómo funcionan las reuniones en una
organización (reconozco que en este tema soy muy cotilla), a menudo quienes
participan en ellas me comentan como causa de insatisfacción, el tratamiento
injusto recibido.
En cambio, estoy segura de que pocas personas que facilitan
reuniones tienen consciencia de haber hecho o dicho algo que pueda provocar esa
impresión.
Voy a compartir las más recurrentes y os invito a que
reflexionéis honestamente si se han podido dar en alguna de vuestras reuniones:
1. “Siempre soy el último en presentar y nunca queda tiempo o lo tengo que hacer a toda prisa”
2. “Siempre hablan los mismos y a veces no tengo la oportunidad de plantear mi punto de vista”
3. “Algunos pueden abandonar la reunión y yo tengo que aguantarla entera”
4. “A algunos les contestan las preguntas y a mí me dicen que las preguntas al final”
5. “La impuntualidad de otras personas me hace perder el tiempo a mí que siempre soy puntual”
6. “Me criticaron en público pero nunca dicen lo que hago bien”
7. “A mi siempre me dicen que no… y lo mismo preguntado por otra persona, siempre recibe un sí”
8. “No sé por qué pregunta si siempre hace lo que quiere”
Pues bien, si has reconocido alguna de estas situaciones,
probablemente podrás evitarlas en un futuro ( si eres quien facilita la
reunión)
Si no te has visto reflejado en ninguna hay dos
posibilidades: o bien eres un genio de las reuniones o bien cambia de espejo.
Mi post de
este mes debía llamarse Reuniones bulímicas, Reuniones anoréxicas. He decidido no
publicarlo.
La noción de
qué es “políticamente correcto” me parece un tema de difícil consenso. Cada uno
pondría en el cesto frases, actitudes o acciones diferentes. Yo reconozco tener
una percepción subjetiva y además fluctuante de este concepto.
Sin embargo,
no querría situar en este contexto lo que quiero compartir aquí. No se trata de
calificar de correcto o incorrecto su uso, sino de pensar sobre ello.
¡Cuántas
veces hemos oído o dicho algunas de las frases siguientes! Yo confieso que muchísimas…
·
No
seas autista (a alquien introvertido)
·
¡Me
había olvidado del todo! Tengo un Alzheimer bestial
·
Parece
que tenga Parkinson, jajaja
·
Es
un cáncer para las organizaciones
·
Me
pone esquizo
·
Disculpad
si parezco un poco bipolar (sonrisa)
·
Si
me pasa esto, me suicido.
·
Tampoco
hay que ser un obsesivo compulsivo
·
Y
tantas otras
Muchas de
ellas acompañadas de risas…
No me había
planteado las consecuencias que podrían acarrear.
¿A qué viene hablar de esto?
Este fin de semana estaba buscando testimonios en Twitter de
una de las enfermedades antes mencionada porque se la han diagnosticado a alguien
a quien quiero. Me sorprendió constatar que más del 80% de los tweets con el hashtag
que usé de buscador, me remitían a bromas sobre el tema. La mayoría no tenían una
vocación de burla, pero me produjeron una cierta tristeza. Si alguien se ha pintado
mal las uñas ¿ha de poner como hashtag #Parkinson? O si se ha olvidado las
llaves ¿está obligado a poner #Alzheimer? Aunque cuantitativamente pueda dar más
visibilidad al tweet, quien busca esa palabra probablemente no tiene interés ni
por tus uñas ni por tus llaves. Uy ¡qué a gustito me he quedao!
Pero dejemos las RRSS y centrémonos en “mi” tema: las
reuniones. No en pocas ocasiones utilizamos esas referencias (me incluyo) y no
somos conscientes de las situaciones personales que viven quienes participan en
ellas y hasta qué punto pueden resultar dolorosas esa ingenua y generalizada banalización
de esas enfermedades.
Sustituirlas
por otras (al principio cuesta, igual que deshacerse de muchos hábitos) pero
merece la pena intentarlo. Espero ir abandonando poco a poco esta mala costumbre.
En
comunicación lo importante no es la intención sino el resultado.
La intención era motivar la participación...
Todos nos esforzamos en que nuestras reuniones sean
participativas, pero a veces cometemos errores en este “intento”.
Una situación típica es cuando por ejemplo recabamos
opiniones sobre las ventajas de un determinado producto, sistema, procedimiento,
etc.
No queremos limitarnos a enumerarlas nosotros. Nos gustaría
que la gente participara y se implicara, así que decidimos preguntar. Hasta
aquí todo bien.
Como tenemos miedo al silencio (ese ruido de grillos tan
incómodo cuando se lanza una pregunta en general y nadie contesta), lo que
solemos hacer es dirigirla a una persona en concreto. Una vez esa persona ha
contestado, se la lanzamos a otra. Y así sucesivamente…
De lo que no siempre somos conscientes es de que cada vez resulta más complicado contestar, ya que las respuestas más fáciles probablemente son
las que han aportado los primeros.
¿Nos planteamos alguna vez en qué orden nombramos a quienes
invitamos a contestar? No debería ser aleatorio.
Para algunos puede ser muy desmotivador no poder añadir nada
más a lo dicho...para otros no. Así que es aconsejable que guardemos "para después" a esas personas con mayor seguridad en sí mismas o incluso que tras un par de
respuestas dejemos la pregunta abierta al grupo y que participe quien pueda
aportar.
Aquí tenéis un recordatorio de otro tipo de preguntas bien
intencionadas, que pueden girarse en tu contra
Parecen pequeños detalles, pero tienen más importancia de la
que pensamos…Y no olvidemos que quien lleva la reunión tiene responsabilidad en el ambiente de la reunión y en cómo se sienten las personas que asisten a ella.
La importancia de evitar desvíos en reuniones
Todos estamos de acuerdo (o eso creo) en que para que una
reunión sea efectiva y para respetar el derecho a saber a qué hora estaremos
libres, no deberíamos entrar en temas no previstos con antelación.
-
“Es que a mí me gusta que todo el mundo se
sienta libre de hablar de lo que quiera en mis reuniones”
-
Pues si puedes olvidarte de convocarme… te lo
agradeceré.
Si los participantes pueden, sin previo aviso, sacar
cualquier tema durante una reunión mediante las continuas interrupciones de los
adictos al “ah, y por cierto” o usando ese espacio mal definido de ruegos y
preguntas del final, se pueden dar muchas situaciones desesperantes, pero entre
ellas hoy destacaré y describiré las tres principales:
1.
Salta el primer “ah, por cierto” y entramos en un
tema no previsto, pero claro, no tenemos la información o las personas
necesarias para hacerlo adecuadamente…
¿Os suena? Empezamos a navegar entre los “yo diría que”, “creo recordar
que”, “me suena que”, “algo leí”, “quien nos podría ayudar es Matilde, pero no
está” …
¿Y entonces qué pasa? En el mejor de los casos, después de perder el tiempo divagando, acabamos aplazando el temita. Vamos, lo que tendríamos que haber hecho desde un principio.
2.
Otra situación habitual, es que el tema no
interesa a la totalidad de las personas que están reunidas o conectadas. Todos
hemos “disfrutado” de intervenciones del tipo “por cierto, para que me validen “X”
¿qué tengo que hacer?” y llega esa
desesperación colectiva que conlleva escuchar durante 10 minutos unas
instrucciones dirigidas a una o dos personas de la reunión. ¿Qué costaba hacer
esa pregunta fuera de reunión o contestarla en un correo o llamada personal?
Si mirar de reojo la hora durante estos dichosos desvíos provocara estrabismo, todos bizcos.
3.
Otro caso a evitar y que igual reconocéis,
es aquél en que después de ver acogidos algunos “por ciertos” ajenos, vas tú, te motivas y te sumas con el tuyo… Pero mira por dónde, tu “por cierto” se aplaza,
con lo que te quedas con un regusto extraño… especialmente si tienes el
síndrome de Calimero (traducción para
los más jóvenes: tenencia al “nadie me
quiere”).
Una reunión de trabajo debe estar bien planificada y
estructurada y todos los que acuden han de saber a qué van y para qué se les ha convocado
a la misma. De manera inequívoca. Eso no significa que no hay que tener en
cuenta las inquietudes de quienes trabajan con nosotros. Bien al contrario.
Pero deberá hacerse por los cauces apropiados (reglas de juego, implementación de la P de parking,
etc…). Pero es vital que esos cauces no
se impongan, sino que se establezcan de manera consensuada y que todos vean el
beneficio colectivo de respetar esos códigos de conducta en reuniones.
Foto de Robin Higgins via Pixabay
Cornud@s y apalead@s en reuniones
Hoy me ha venido a la cabeza el chiste de Eugenio, del marido que llega a casa y se encuentra a su mujer en la cama con otro…
- ¿De dónde vienes a estas horas? – le pregunta ella. (Ponedle tono acusador y ceño fruncido)
- Pero… ¿qué hace este hombre en mi cama? (Ponedle cara de alucinado y voz temblorosa)
- ¡No me cambies de conversación…! ¿DE DÓNDE VIENES A ESTAS HORAS? (Subid algunos decibelios)
Olvidémonos del chiste de Eugenio... Pero seguro que alguna
vez hemos tenido esta “sensación” en la vida y también en reuniones.
Íbamos a plantear nuestro descontento o queja perfectamente lícita y bien argumentada. Pero ¡oh sorpresa! Se anticipan y nos salen por peteneras, generalmente con detalles, comentarios o acusaciones irrelevantes o incluso absurdas. Conclusión: “cornud@ y apalead@” como en el chiste.
Dejando de lado evidentemente la situación del marido "inoportuno" que solo me ha inspirado el post... podemos analizar varios puntos de este tipo de situaciones y en especial en reuniones, donde nos embarga esa sensación de injusticia.:
1. Antes de plantear “en público” una crítica o queja, pensemos si realmente debe ser tratada ante todos los participantes de esa reunión. Muchas veces una conversación privada da mejores resultados.
2. Si alguien intuye que va a ser atacado en público es posible que prepare una estrategia de defensa mediante ataque previio.
Es de primero de "sitiroyoprimerosequedasinpiedra"
3. La primera “acusación” centrará la conversación dejando en segundo plano lo que se plantee posteriormente. Corremos el peligro de centrarnos en nuestra defensa y olvidar el objetivo (o que éste se difumine).
4. Podemos perder los papeles y de paso ante otros participantes, perder la razón… (aunque objetivamente la tuviéramos)
5. Si decidimos honestamente que es imprescindible que todos los participantes escuchen nuestra reivindicación, planteemos que en el orden del día aparezca ese punto. Si hay desvíos, podremos reconducir de manera más elegante.
Y si eres el facilitador, recuerda que un buen orden del día en cualquier reunión, te ayudará a que no "te la peguen" .